Jose Tesán, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos: “Hay que reevaluar la inversión en obras públicas”

Jose Tesán, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del País Vasco ha sido entrevistado en el periódico EL CORREO donde afirma que “hay que reevaluar la inversión en obras públicas. En el pasado hemos acometido inversiones que no han tenido retorno”.

Tesán (Bilbao, 1971) es un individuo entusiasta que reivindica la etimología. “Ingeniería viene del latín ‘ingenium’, ingeniar. Nuestro trabajo es afrontar problemas, analizarlos y buscar soluciones”.

– Ahora hay muchos problemas y no parece que eso vaya a impedir que muchos ingenieros se queden en paro. Al contrario. Ya se han visto los primeros ERE.

– Todos los sectores vamos a vivir momentos duros. También la ingeniería. Baja la actividad económica, hay menos recursos disponibles, menos inversiones… Pero hoy la ingeniería es más necesaria que nunca. No en el sentido que se le viene dando, como algo que tiene valor sólo cuando termina en obra. Nuestra función no es desarrollar infraestructuras, sino resolver problemas del modo menos gravoso posible. El mejor puente es el que, tras una reflexión, se llega a la conclusión de que no hace falta ejecutarlo. Lo que ocurre es que no estamos acostumbrados a dar valor a la ingeniería que no acaba en obra. Pero ahora, con la crisis del Covid19, del mismo modo que hace falta más actividad sanitaria, o en el mundo del Derecho, también hace falta más reflexión, más ingeniería.

¿Qué propone? ¿Cómo pueden ayudar los ingenieros a superar esta crisis?

– Si hay algo afectado por toda esta situación, además de la salud, es la movilidad. Y en relación al transporte público, las carreteras, los puertos, etcétera, la ingeniería tiene mucho que decir.

– Diga.

– Desde hace décadas estamos fomentando la idea de que hay que abandonar el transporte individual en favor del colectivo, y a la hora de diseñar las infraestructuras para ese transporte colectivo no se tuvo en cuenta un patrón: que cuando metes a mucha gente en un sitio, se acerca.

– Y ahora, con un virus suelto, resulta que hay riesgo de contagios.

– Por eso es un hecho que en los próximos meses va a haber más transporte privado que público.

– Incluso las administraciones recomiendan volver a usar el coche. ¿Cómo hacer más seguro el transporte público? ¿Cómo evitar que la gente le tenga miedo?

– Hay una forma fácil de intentar hacerlo: poner más vagones en los metros, ampliar las estaciones, comprar más autobuses… De ese modo la gente podría viajar más separada.

– Mucha inversión para un momento quizás puntual y, además, cuando las arcas públicas se están vaciando.

– Por eso hay que buscar otras alternativas. Reflexionar para hacer las cosas de forma diferente con el mejor impacto coste-beneficio. Por ejemplo, gestionar los picos de demanda, forzar un cambio en la demanda.

– ¿Cómo?

– Podría ser exigiendo en las diferentes empresas unas horas de entrada y salida determinadas para propiciar unos movimientos de gente escalonados. O también, para evitar el aumento del vehículo privado, se podría fomentar el uso de las bicis eléctricas para recorridos interurbanos, reservándoles un carril de la circulación para facilitar desplazamientos de incluso 11 kilómetros. O incentivar los desplazamientos a pie en la ciudad bonificando los viajes en metro sólo cuando sean más allá de tres paradas. O, ahí está la ría, que durante siglos ha movido gente y mercancías a punta pala y nunca había estado tan parada como ahora. Lo importante es pensar en ello, hacer cálculos, buscar soluciones.

Una hoja en el mar

– ¿Ve la ría como una opción para mejorar la capacidad de la red de transporte público?

– ¿Por qué no? Creo que ha llegado el momento de que Bilbao se vuelque en la ría, recuperarla para el transporte de personas, como eje de comunicación, como infraestructura.

– ¿Es eso viable? ¿Incluso en marea baja? ¿No harían falta diques para garantizar estabilidad en la lámina de agua?

– Yo he visto barcos amarrados frente al Ayuntamiento y tráfico intenso en Abandoibarra sin diques ni compuertas. Y eran barcos grandes. Ahora, el calado de los ‘bilboats’ puede ser de unos 80 centímetros. Eso es una hoja sobre el mar. No sería nada difícil mover a 50.000 personas al día por la ría. Desde Las Arenas a Bilbao. O desde Portugalete. O explorar, por ejemplo, un modelo como el de los gasolinos para unir las dos márgenes.

– Con la crisis que viene, ¿va a sufrir mucho la obra pública?

– Venimos de un tiempo en el que las administraciones tenían un récord de ingresos, y ahora vamos a estar con capacidades muy mermadas durante al menos tres años. En esas condiciones, creo que lo razonable es que evaluemos muy bien a qué dedicamos los recursos. Y parte de lo que hay que reevaluar es la inversión en obras públicas. Así que por supuesto que va a afectar. Tiene que afectar.

– ¿Hay cosas que sobran?

– Desgraciadamente, en el pasado hemos acometido inversiones que no son inversiones, sino gastos, que no han tenido retorno.

– ¿Por ejemplo?

– Algún aeropuerto en el Estado.

– ¿Y aquí?

– (Silencio) En la Supersur no es que se haya invertido mal, porque hay visión a largo plazo, pero en el corto queda descontextualizada en sus parámetros de uso.

– ¿Qué cosas hay ahora proyectadas y deberían repensarse?

– Hay que medir muy bien. Entender que la obra pública es como la máquina-herramienta para una sociedad, algo que debe aportarle ventajas competitivas. Lo que estamos viviendo es un ‘cisne negro’, una situación imprevisible que obliga a repensar las cosas, las infraestructuras que tenemos planificadas para dentro de 15 años, para la era postcovid. ¿Y si empezamos a tener oleadas de epidemias víricas…? Igual tenemos que diseñarlas de otro modo.

Con qué se pagan las cosas

– ¿Habla de la ‘Y’ vasca?

– Es uno de los grandes compromisos de gasto de país, aunque vaya por el Cupo. No digo que no haya que acometerla, sino que hay que reflexionar sobre ello y sobre todo lo demás para verlo según el contexto actual. Y decidir qué hay que priorizar.

– ¿Hay que dejar de invertir?

– No. El gasto social te aplaca ahora un problema, pero no pueden ir todos los recursos a Sanidad y Acción Social porque entonces no hay futuro. Tenemos que preocuparnos por que haya actividad, porque si falla la economía no hay manera de financiar ni la Sanidad ni la Acción Social. Lo que digo es que habrá proyectos que acelerar, y otros que no.

– ¿Cuáles sí?

– Por ejemplo, el volcado sobre la ría que mencionaba. O analizar cómo integrar en la ciudad los medios de transporte individuales no contaminantes, el vehículo autónomo… Bilbao debería convertirse en un campo de exploración para todas estas cosas.

Fuente: EL CORREO

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